Universitarios de Granada ocupan una casa en venta porque «alquilar está muy caro».
Casa de más de doscientos metros cuadrados divididos en dos plantas, además de patio interior y terraza soleados. Necesita reformas, pero se encuentra totalmente amueblada y cuenta con cocina completa. Ubicada en una zona residencial tranquila, a escasos metros del centro de Granada y bien comunicada ¿Precio? Cero euros.
Esta es la cantidad exacta que paga un grupo de estudiantes universitarios que han tomado una casa vacía, pero en proceso de venta, con el argumento: «El alquiler está muy caro y la casa estaba vacía». La dueña se encontró con la cerradura cambiada y ahora, el comprador con el que había llegado un acuerdo, no la quiere porque está oficialmente ‘okupada’. Para echarlos tendrá que recurrir al tedioso y -en la mayoría de los casos- largo proceso judicial.
Manuela Nevado, y otras tres personas, heredaron la casa en discordia en el año 2003. Antes, vivía una anciana que dejó su este legado al morir. Está ubicada en el número 1 de la calle Álvaro Aparicio, en el barrio de casas bancas ubicado entre el hospital Clínico y la fábrica de Cervezas Alhambra. Desde entonces, según explica la mujer, la casa estuvo en venta. «Durante un tiempo, incluso estuvo colgado el cartel de la inmobiliaria. Pero lo quitaron porque habían llegado a un acuerdo con un comprador», explica Nevado, que colidera la demanda judicial con el resto de los herederos de la propiedad.
Patada en la puerta
Después de esto, hace dos semanas, Manuela recibió la llamada de una vecina cuya casa colinda con la suya. «Me avisaron de que en la puerta había señas de golpes. Que la habían roto para entrar y que parecía que habían aprovechado para ocuparla», recuerda la propietaria afectada.
Y efectivamente. Cuando acudió a ver qué pasaba se encontró con que la llaves de nada servían ya: habían cambiado la cerradura. «Hicieron un agujero, quitaron una de las dos cerraduras que había y una nueva», apunta Nevado.
La mujer gritó para ver si había alguien dentro y, a través del agujero que luce ahora la puerta, atisbó vida. «Vimos que había un chico con el que intentamos hablar», recuerda. Pero no hizo falta. En ese momento se acercó una chica que andaba por la calle, inquilina de la casa, con la que pudo hablar. «Sencillamente decían que la casa ahora era de ellos porque la habían encontrado vacía. Intentaron negociar conmigo para que los dejara allí alojados hasta junio, que terminaba el curso académico», apunta Nevado.
No se enfrentó a ellos, pero la situación era rocambolesca. Tiene un comprador para la vivienda que ya le ha advertido que con ocupas no paga nada por ella. En esta tesitura Manuela y el restos de propietarios herederos ha interpuesto una demanda judicial para ordenar el desalojo.
Sobre los chavales, la propietaria apunta que son todos estudiantes, «gente normal» que hasta ahora no han dado demasiados problemas. «Pero dicen que los alquileres están muy caros, que no tienen donde quedarse y que han tomado la casa como suya. Son de Palma, creo», explica la dueña.
Ni un ruido
El sigilo que demuestran los nuevos inquilinos de la vivienda fue ayer confirmado por dos vecinas de la calle. «No dan ruido, la verdad. A veces los veo salir de noche», comentaba una anciana que aseguraba no conocer muy bien los entresijos del conflicto. Otra vecina declaró que se sorprendió al ver salir a cinco jóvenes de la vivienda durante la noche. «Ni me había enterado de que estaban ahí. Creo que llevan un par de semanas», apuntó ayer a IDEAL.
Claro está, crear problemas con la vecindad no les conviene de cara a su estancia clandestina.
IDEAL se acercó ayer a la vivienda para conocer la opinión de los nuevo inquilinos. Previa advertencia de que no le «interesa el periodismo», y sin aportar su identidad, una de las chicas que ocupa la casa explicó -con voz queda, sin estridencias y pocas palabras- que intentaron llegar a un acuerdo con la dueña, pero que finalmente «ella no puso mucho de su parte». Ante la pregunta de por qué, la explicación se repite como un ’slogan’. «La casa estaba vacía». Además, «alquilar esta muy caro». Y, ante el conflicto, una única respuesta: «De aquí no nos vamos hasta que nos echen». Así concluyó la joven -estudiante de Enfermería- que atendió los periodistas por una ventana enrejada.
Dentro, además de los muebles, los legítimos propietarios tienen documentación que necesitan y no pueden entrar a recogerla. Y es que, de hecho, la casa no estaba tan vacía. Ahora esperan que la Justicia dé un paso. Y firme.
Fuente: El Ideal